sábado, 9 de octubre de 2010

Segunda Jornada de Otoñeces

Bueno, finalmente ayer recitamos en Córdoba el Sr. Fran Montoro y un servidor. No fue un recital fácil para el público y tampoco para nosotros.
Ayer fue una apuesta arriesgada y cuando haces eso, de alguna forma le pides al público que se arriesgue contigo.

A veces consideras que un recital ha sido un éxito cuando has logrado que todo el mundo se emocione con tus poemas. Sin embargo, para mi el recital de ayer sería un exito si mis amigos me seguían hablando después de verlo.
No me dieron dos besos, pero al menos me siguen hablando.

Tengo que pedir disculpas porque la acustica no fue todo lo buena que podría haber sido, con una estática en el altavoz que nos hizo esforzarnos a la hora de declamar.

En fin, un saludo a mi amigo Chema, que tenía que haber recitado conmigo, para que el poema (que era a dos voces) se hubiera podido ver tal como estaba pensado, pero cogió un virus antipoético justo unos dias antes del recital y se tuvo que quedar en casa con su mujercita haciéndole sopita.

Gracias a todos los que vinisteis a pesar de saber que ibamos a recorrer caminos extraños.
Gracias a Elena por su opinion al terminar.

Gracia a Juanma y a Ana por organizar todo el invento, y a la gente de la zapateria, que nos aguantaron una hora de idas y venidas, cables y altavoces.

Para los que os quedasteis sorprendidos por lo que oisteis ayer, a continuación os dejo el texto del poema, pasada la sorpresa tal vez veais en él más de lo que parece a primera vista.
Las ideas que están debajo del poema podrían dar lugar a una explicación tan larga como un brazo... pero ya sabemos que no hay que explicar los poemas. Es mejor la quiromancia.

En el proximo recital, miel y rosas. Prometido.



Andres Malpaso.